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Historia de los útiles de cocina

TUBO FLUORESCENTE

La luz fluorescente, más cruda y menos suave, triunfaría en el cuarto de baño, la luminosidad más matizada de la bombilla de incandescencia prevalecería en el dormitorio, y en la cocina a menudo coexistirían tubo y bombilla.
El primer intento de producir fluorescencia se debe al físico francés Antoine-Henri Becquerel, descubridor de la radiactividad del uranio. Ya en 1859 recubrió el interior de un tubo de cristal con fósforo, el cual producía fluorescencia al ser sometido a una corriente eléctrica. Varios científicos empezaron a trabajar en la misma línea, y pronto descubrieron docenas de gases y minerales que brillaban en un campo eléctrico. Estas investigaciones permitieron a Ramsay y Travers descubrir el neón.
La primera lámpara fluorescente efectiva fue conseguida en los Estados Unidos, en 1934, por el doctor Arthur Compton, de la General Electric. Activado por unos voltajes más bajos, este tubo resultaba más económico que la bombilla de incandescencia, y mientras que ésta llegaba a perder el 80 por ciento de su energía generando calor en lugar de luz, el tubo fluorescente era energéticamente tan eficaz que recibió el nombre de “luz fría”.
Al cabo de quince años, la luz fluorescente disputaba ya, en parte, la primacía de la iluminación eléctrica a la bombilla de incandescencia. Este avance no se debía a una preferencia por el pálido resplandor que desprendían los tubos, sino más bien al deseo de industriales y comerciantes de reducir los costos de iluminación en los lugares de trabajo.





Del libro "Las cosas nuestras de cada día" de Charles Panati



 

 

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