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Historia de los útiles de cocina

PLÁSTICO (1900, Estados Unidos)

En los primeros días del plástico, los objetos fabricados con él se comportaban a veces como en ciertas películas de ciencia ficción: los coladores se deformaban y abarquillaban al contacto con el agua caliente, los recipientes que se introducían en la nevera se resquebrajaban a causa de la baja temperatura, y las bandejas se derretían si daba el sol en la cocina.
La industria del plástico nació en el año 1868, cuando una grave escasez de marfil movió a un fabricante de bolas de billar, en Nueva Inglaterra, a ofrecer un premio de diez mil dólares a quien encontrase un sucedáneo adecuado.
Un joven impresor de Albany, en el estado norteamericano de Nueva York, llamado John Wesley Hyatt ganó el premio al presentar un producto que bautizó Celulloid, y lo registró como marca patentada en el año 1872.
En realidad, Hyatt no inventó el celuloide, sino que en el año 1868 adquirió su patente británica a Alexander Parkes, profesor de ciencias naturales de Birmingham. Alrededor del año 1850, Parkes experimentaba con un producto químico en su laboratorio, la nitrocelulosa, y al mezclarla con alcanfor descubrió que el compuesto formaba una sustancia transparente, dura pero flexible, que llamó Parkesine. A principios de la década de 1850 no había mercado para aquella película delgada y transparente, y el doctor Parkes se mostró más que satisfecho por vender los derechos de la patente de aquella inútil novedad a John Hyatt.
En 1890, la palabra “celuloide” era conocida en todo el mundo. Los hombres jugaban al billar con bolas de celuloide y vestían con camisas provistas de cuellos, puños y pechera de pulcro celuloide blanco.
Las mujeres mostraban con orgullo sus peines, sus espejos y sus joyas de celuloide. Los mayores empezaron a llevar los primeros paladares postizos de celuloide, y los niños jugaban con los primeros juguetes de celuloide. El marfil jamás había disfrutado de semejante popularidad.
El celuloide fue el primer plástico del mundo, y su auge se vio acelerado porque el inventor norteamericano George Eastman, introdujo la película fotográfica de celuloide en tiras como el formato más conveniente para el cine.
En toda aplicación a temperatura ambiente, el primer plástico del mundo se portaba admirablemente. Las pesadillas de ciencia ficción no comenzaron hasta que los fabricantes idearon objetos que debían someterse a las temperaturas extremadamente frías o calientes propias de la cocina.
No obstante, apuntaba ya en el horizonte una nueva revolución en el campo de los plásticos: la baquelita, un material aparentemente indestructible que podía producirse en un verdadero arco iris de colores, y que conduciría al desarrollo de las medias de nailon y al Tupperware.
El celuloide fue introducido como sustituto del marfil, y la baquelita se concibió como sustitutivo duradero del caucho, pues cuando éste se utilizaba en el mango de una sartén o como cubierta de un enchufe eléctrico para una tostadora o una plancha, se resecaba y se resquebrajaba. El creador de la baquelita. Leo Hendrik Baekeland, se haría famoso como el “padre de los plásticos”.
Baekeland transformaba todo lo que tocaba en una maravilla práctica e imaginativa. Uno de sus primeros triunfos, tras haberse establecido en Yonkers, en el estado norteamericano de Nueva York, fue un papel fotográfico que permitía tomar fotos con luz artificial de interior, en vez de la intensa luz solar antes indispensable.
En el año 1899, vendió este papel a George Eastman, de la Kodak, por tres cuartos de millón de dólares, lo que confirmó su fe en las oportunidades que América brindaba.
Tras equiparse con un excelente laboratorio casero, Baekeland inició su búsqueda de un sustitutivo del caucho. La baquelita fue la primera en una larga estirpe de los llamados plásticos sintéticos, que tras haber sido formados bajo el calor y la presión, adquieren la dureza de la piedra y son resistentes al calor, los ácidos y las corrientes eléctricas. Y el hecho de que pudieran colorearse en una amplia variedad de matices incrementó su popularidad.
Merced a los conocimientos químicos adquiridos a partir del desarrollo del celuloide y la baquelita, entró en el mercado toda una nueva línea de productos para el hogar. Los artículos hoy de uso cotidiano, todos ellos polímeros sintéticos, tienen la notable característica de que sus materias primas son absolutamente originales en la historia. El hombre, que durante 100.000 años empleó su ingenio innato para moldear la piedra, la madera y los minerales que le brindaba la naturaleza, y conseguir con ellos herramientas y utensilios que le prestaran servicio, a partir del siglo XX empleó los conocimientos adquiridos para obtener largas cadenas de moléculas, los llamados polímeros. Estos eran desconocidos para sus predecesores, inhallables en la naturaleza y probablemente únicos en los cinco mil millones de anos de vida del planeta.
En orden cronológico, resumiendo mucho y citando sus primeras aplicaciones, los plásticos milagrosos fueron:

Celofán, en el año 1912: para envoltorios transparentes para comestibles.

Acetato, en el año 1927: para hacer jaboneras y recipientes para cuarto de baño.

Vinilo, en el año 1928: para manteles, bolsas y cortinas para duchas.

Plexiglás, en el año 1930: para tabiques desmontables, ventanas y embarcaciones.

Acrílicos, en el año 1936: para prendas de vestir.

Melmac, en el año 1937: para vajillas.

Styrene, en el año 1938: para vasos y hueveras para refrigerador.

Fórmica, en el año 1938: para superficies de cocinas; creada como sucedáneo de la mica, un mineral resistente al calor.

Poliéster, en el año 1940: para prendas de vestir.

Nailon, en el año 1940: para mangos y cerdas de cepillos de dientes y medias.





Del libro "Las cosas nuestras de cada día" de Charles Panati



 

 

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