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OLLA DE PRESIÓN (1679, Inglaterra)
La noche del 12 de abril del año 1682, los augustos miembros de la
Royal Society de Londres, se sentaron para despachar una cena
elaborada de una forma totalmente desconocida para ellos y para
cualquiera. La había cocinado el inventor francés Denis Papin, de 35
años de edad, uno de los pioneros de la energía del vapor. Papin había
sido invitado para que hiciera una demostración de la más reciente
maravilla creada por él: el “digestivo de vapor”.
Papin, ayudante del célebre físico irlandés Robert Boyie, formulador
de las leyes por las que se rigen los gases, había ideado su
“digestivo de vapor” en el año 1679. Se trataba de un recipiente
metálico con una válvula de seguridad y una tapadera muy ajustada, que
incrementaba la precisión interna del vapor, elevando el punto de
ebullición del líquido de cocción.
Después de esta cena histórica, Christopher Wren escribió que, gracias
al digestivo de vapor, la vaca o el buey más viejos y más duros pueden
resultar ahora tan tiernos y sabrosos como la carne más joven y
selecta.
La primera olla de presión de la historia fue un rotundo fracaso. No
sólo los londinenses, en su gran mayoría, reaccionaron
desfavorablemente ante la idea de pichones y pescados cocidos al
vapor, sino que además, quienes adquirieron uno de estos aparatos “digeridores”,
y probaron sus recetas, acabaron a menudo con la cena proyectada
contra la pared de la cocina.
Las variables temperaturas de los fuegos de la época aún planteaban
menos problemas que la imperfecta válvula de seguridad de Papin, que
ocasionaron varios accidentes graves. Excepto para aplicaciones
científicas, como en los autoclaves, las ollas de presión quedaron
olvidadas durante unos 150 años. El emperador Napoleón Bonaparte fue
el responsable de su reaparición.
En 1810. Napoleón, que proclamaba que un ejército marcha sobre su
estómago, trataba desesperadamente de encontrar un medio para
suministrar alimentos en conserva a sus tropas, y el gobierno ofreció
un premio sustancioso a quien encontrara la solución a este problema.
Introduciendo una modificación en la olla de Papin, el cocinero
francés Nicholas Appert creó el primer método práctico para cocer,
esterilizar y embotellar alimentos. Por haber desarrollado esta
técnica de conservación, Appert ganó el premio de 12.000 francos, y
sus métodos reavivaron el interés por la cocción a presión.
Del libro "Las cosas nuestras de cada día" de Charles Panati
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