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Historia de los útiles de cocina

 

DESCALCIFICADORES DE AGUA (1924, St. Paui, Minnessota)

Un servicio que en muchos lugares se considera obligado es el suministro de agua blanda, es decir, sometida a un tratamiento para eliminar iones de calcio y magnesio, a fin de que no formen un residuo insoluble en las tuberías, y de que no se combinen con el jabón para formar un desagradable y espeso precipitado en platos y ropas.
Sin embargo, es un problema que todavía hoy persiste, porque el agua blanda no fluye de los grifos de todas las casas. En muchos lugares de diferentes países, el agua era “dura”, y esto perjudicó las ventas de los primeros lavaplatos. Sin embargo, hubo un hombre que ejerció un efecto profundo en la calidad del agua en Estados Unidos.
Emmet Culligan supo que un amigo de su adolescencia, que había estado experimentando con sistemas para descalcificar el agua, hizo una demostración de su “máquina acondicionadora”, que utilizaba una arena natural, la zeolita, para filtrar los iones de magnesio y calcio en las aguas duras.
La resina de la zeolita contenía iones de sodio que, literalmente, sustituían en el agua a los iones indeseados. Cuando se agotaba la zeolita, es decir, cuando la mayor parte de su sodio intercambiable había sido sustituido por magnesio y calcio, podía ser regenerada mediante lavado en una solución muy concentrada de sal común, o sea cloruro de sodio.Culligan se hizo con un saco de zeolita y, en su casa, metió este producto químico en una lata de café perforada. Seguidamente, hizo pasar agua dura del grifo a través de ella. A continuación, utilizó el agua filtrada para lavar los pañales de su bebé. La efectividad del resultado conseguido le convenció a él, y también a su esposa. Inmediatamente, decidió iniciar un negocio basado en la descalcificación del agua.
Culligan fundó su nueva empresa en el año 1924, para producir unas máquinas filtradoras que se vendían a doscientos dólares. A pesar de este precio, las ventas fueron resonantes y volvió a embolsarse dinero en abundancia.
El negocio de Culligan prosperó con rapidez y en el año 1938 se había extendido considerablemente a través del país. Una década más tarde, su red de ventas era ya de alcance nacional. Las amas de casa utilizaban agua filtrada para lavar con notable ventaja la ropa, tanto a máquina como manualmente, y también los platos.



Del libro "Las cosas nuestras de cada día" de Charles Panati



 

 

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