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Historia de los útiles de cocina

 

BATERÍAS DE COCINA DE ALUMINIO: (Francia, principios del siglo XIX)

Mientras los alemanes cocinaban en recipientes de porcelana y los británicos los utilizaban para mejorar las condiciones sanitarias en hogares y hospitales, en Francia, Napoleón Bonaparte servía a sus invitados en las primeras vajillas de aluminio del mundo, que entonces costaban más que las de oro. El nuevo metal se vendía a casi el equivalente de dos mil dólares el kilo, y en la década del año 1820 la nobleza europea sustituía ya parte de sus vajillas de oro y plata por copas, platos y cuberterías de ligerísimo aluminio.
Sin embargo, el aluminio no tardó en perder su esplendor social. La extracción intensiva del metal, gracias a las nuevas técnicas basadas en la electricidad, hicieron que su precio bajara a 60 centavos de dólar el kilo en el año 1890. A pesar de este precio tan reducido, las amas de casa americanas todavía tenían que descubrir las ventajas de cocinar con aluminio, pero dos acontecimientos, un avance técnico y una demostración de unos grandes almacenes, no tardarían en hacerles cambiar de hábitos.
El 23 de febrero del año 1886, Charles Martín Hall, un inventor de 22 años de edad, que acababa de graduarse en ciencias, experimentaba con el aluminio en su laboratorio de Oberlin, en el estado norteamericano de Ohio. Hall perfeccionó un procedimiento para producir económicamente un compuesto de aluminio, que podía utilizarse para la fabricación de baterías de cocina. Fundó su propia empresa y empezó a fabricar utensilios de cocina ligeros, duraderos y fáciles de limpiar, que permitían una distribución notablemente equitativa del calor y conservaban su brillo. Su duración sugirió un nombre que se convertiría en marca: Wear-Ever.
Las amas de casa del país se negaban a abandonar sus cacharros de hierro y estaño, que habían probado suficientemente su utilidad, y los grandes almacenes se negaron a vender el nuevo producto, cuyos beneficios parecían demasiado fantásticos para ser ciertos.
El el año 1903. Gracias a la persuasión de un comprador, los renombrados almacenes Wanamaker's, del estado norteamericano de Filadelfia, efectuaron la primera demostración pública de las ventajas del aluminio para cocinar. Cuando las espectadoras pudieron asegurarse de que los ingredientes no se habían pegado al recipiente, empezaron a llover los pedidos de baterías de aluminio.
Cuando murió Charles Hall, en el año 1914, su línea de productos Wear-Ever se había convertido en una nueva industria del aluminio, transformando las cocinas americanas y permitiéndole a él atesorar una fortuna personal de treinta millones de dólares, de los de aquel tiempo.


Del libro "Las cosas nuestras de cada día" de Charles Panati



 

 

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