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ABRELATAS (1858, Waterhury, Connetctícut)
La lata fue inventada en Inglaterra, en
el año 1810, por el comerciante británico Peter Durand. Aunque
introducido en Norteamérica en el año 1817, como medio de conservación
de alimentos, el bote de hojalata fue virtualmente ignorado hasta el
año 1861, cuando los veintitrés Estados norteños de la Unión
guerrearon con los once sureños de la Confederación. Sin embargo, a
pesar del gran ingenio que demostró Peter Durand al idear los envases
de hojalata, olvidó por completo la necesidad de un instrumento
especial que permitiera abrirlos.
En el año 1812, los soldados británicos abrían sus latas con bayonetas
y navajas o, si éstas fallaban, con un disparo de fusil. Una lata de
carne de ternera que se llevó al Ártico en el año 1824 el explorador
británico sir William Parry, llevaba la siguiente instrucción:
“Córtese alrededor de la parte superior con un escoplo y un martillo”.
Ni siquiera el inglés William Underwood, que a principios del siglo
XIX estableció en Nueva Orleans la primera fábrica de conservas, juzgó
necesario producir un instrumento especial para abrir sus envases. Su
consejo, seguido por todos en aquellos tiempos, consistía en emplear
cualquier herramienta disponible en la casa.
Sin embargo, esta omisión no se debía totalmente a un caso de
estupidez difundido en ambos continentes. En realidad, las primeras
latas de conserva eran grandes y de gruesas paredes, a menudo de
hierro, y en ciertas ocasiones más pesadas que los alimentos que
contenían. La lata de carne utilizada por sir William Parry pesaba,
una vez vacía, cerca de medio kilo. Sólo cuando se generalizaron unos
envases de acero más delgados, con un reborde alrededor de la parte
superior, a fines de la década de 1850, el abrelatas tuvo la
posibilidad de presentarse como un instrumento relativamente sencillo.
El primer abrelatas patentado, que venía a sustituir las herramientas
caseras y las armas, fue inventado en el año 1858 por Ezra. Warner, de
Waterbury, en el etado norteamericano de Connecticut. Era un aparato
voluminoso e impresionante, que se parecía, en parte a una bayoneta y
en parte a una hoz. Se introducía su gran hoja curva en el borde de la
lata y, empleando la fuerza, se le hacía deslizarse sobre la
periferia. Una distracción o un desliz podía causar serias heridas.
El abrelatas, tal como lo utilizamos hoy, con una rueda cortante que
gira alrededor del reborde del envase, fue fruto del inventor
americano William Lyman, que lo patentó en el año 1870. En el año
1925, la Star Can Opener Company, de San Francisco, perfeccionó el
aparato de Lyman añadiéndole una rueda dentada, denominada “rueda
alimentadora”, gracias a la cual el envase giraba, por primera vez, en
sentido contrario a la rueda. Este principio básico sigue utilizándose
y fue la base del primer abrelatas eléctrico, presentado en diciembre
del año 1931.
Del libro "Las cosas nuestras de cada día" de Charles Panati
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